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El Manual de supervivencia del poder: cuando el sistema se come a sus propios hijos

  • Foto del escritor: Yoab Samaniego B
    Yoab Samaniego B
  • 20 sept 2025
  • 2 min de lectura

La semana nos regaló un manual perfecto sobre cómo funciona realmente el poder en México. Spoiler: no es como en las telenovelas de Televisa, donde el malo siempre termina en la cárcel y los buenos viven felices para siempre.


Primer plato: Hernán "El Abuelo" Bermúdez, exsecretario de Seguridad de Tabasco y protegido de Adán Augusto López, fue sacado de su mansión paraguaya con dos albercas como delincuente común. Porque nada dice "servidor público honesto" como vivir de pachá en el extranjero mientras México se prende en llamas. El hombre que debía cuidar la seguridad pública terminó siendo uno de los principales objetivos de seguridad nacional. Es el equivalente político de contratar a El Chapo como secretario de Salud.



Segundo plato, aún más jugoso: mientras Bermúdez hacía turismo involuntario, en México explotaba el escándalo de la Marina. Resulta que los vicealmirantes —casualmente sobrinos políticos del exsecretario Rafael Ojeda— facilitaban el contrabando de millones de litros de combustible. Pero no se preocupen: según el fiscal Gertz Manero, fue el mismo Ojeda quien "denunció" la red hace dos años. ¡Qué santo! Es como si Al Capone hubiera sido quien alertó sobre la venta ilegal de alcohol durante la Prohibición.


La institución que AMLO convirtió en el brazo armado de la 4T resulta que tenía sus propios brazos metidos hasta el codo en la caja registradora del crimen organizado. Pero tranquilos: era para "investigar desde adentro". Como cuando tu primo alcohólico te dice que se toma las cervezas que encuentra en tu refrigerador "para que no se echen a perder".


Y para el postre, la cereza del pastel: Sheinbaum acelera su reforma a la Ley de Amparo para "agilizar la justicia" y limitar las suspensiones. Qué casualidad que justo cuando los casos de corrupción salpican hasta la médula del sistema, se busque recortar los recursos legales que permiten frenar las decisiones del gobierno.



"Justicia más expedita", dice la presidenta con cara de poker. Traducido del politiqués al español: "Ya no queremos que nos interrumpan cuando estemos trabajando". Es como cuando el ratón propone eliminar a los gatos "para agilizar el proceso de conseguir queso".


La operación es de manual: el sistema identifica a sus eslabones más tóxicos, los sacrifica públicamente para alimentar la narrativa de "combate a la corrupción", y usa esos mismos casos para justificar reformas que eliminan contrapesos. Bermúdez, los vicealmirantes, los operadores de siempre... todos caen como fichas de dominó perfectamente alineadas.


Pero las estructuras que los crearon, nutrieron y protegieron durante años siguen intactas. Es más: ahora vienen blindadas con reformas constitucionales que prometen "democratizar" la justicia. Porque nada democratiza más la justicia que elegir jueces entre candidatos preseleccionados por los mismos políticos que van a juzgar.


Los fusibles se queman, la instalación eléctrica sigue siendo un peligro público. Y nosotros aplaudiendo porque "por fin se está haciendo justicia". Es el México que cambia todo para que nada cambie, pero con nueva administración y el mismo show de siempre.



Cuando un sistema judicial elegido por voto popular coincida mágicamente en acelerar juicios contra la oposición y entorpecer investigaciones al oficialismo, no se sorprendan. Para entonces ya será muy tarde para decir "no era eso lo que queríamos".

El poder no se reforma. Se disfraza de reformista.

 
 
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