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EL DETECTOR DE MENTIRAS DETECTÓ UNA

  • Foto del escritor: Yoab Samaniego B
    Yoab Samaniego B
  • 5 abr
  • 2 min de lectura

El 20 de marzo, desde el Zócalo, alguien grabó a una mujer recostada en una ventana de Palacio Nacional, tomando el sol y revisando su celular. El video circuló. El gobierno respondió de inmediato: nunca nadie había salido a tomar el sol. Infodemia, la plataforma de verificación del Estado, respaldó la versión con cifras: más del 71% de probabilidad de que las imágenes fueran inteligencia artificial. El Detector de Mentiras había hablado.


Once días después, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el video era real, que la persona había sido identificada y sancionada, y que hay que tener respeto por el patrimonio nacional. El Detector de Mentiras ofreció una disculpa pública —la primera en dos sexenios— y explicó que la IA sí estaba en el video, pero solo para escalar las imágenes. Diferencia técnica que, en términos prácticos, equivale a decir que no mentiste porque mentiste con buenas herramientas.


Para el 2 de abril, Florencia Melany Franco Fernández, directora general de Coordinación de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, abogada de la Escuela Libre de Derecho y maestra por la Universidad de París-Panthéon-Assas, había renunciado. Percibía un ingreso neto estimado de 104,821 pesos mensuales. La funcionaria que nadie conocía antes del balcón.


La cadena de hechos tiene una lógica impecable si se lee de atrás hacia adelante: renuncia, sanción, confirmación, negación. Es el menú completo servido en orden inverso. En México, la secuencia para que el gobierno admita lo evidente siempre ha sido la misma: primero negar, luego matizar, después confirmar con tono de regaño y terminar anunciando que ya se tomaron medidas. El proceso tarda, como promedio, entre siete y doce días hábiles dependiendo de qué tanto aguante el video.


Lo que distingue este episodio no es la funcionaria en el balcón. Es que el aparato diseñado para combatir la desinformación usó sus herramientas oficiales para fabricarla. TruthScan y Undetectable AI dijeron que la mujer era artificial. La propia presidenta dijo después que era real y que ya fue sancionada. El Detector de Mentiras detectó una mentira. La suya.


La pregunta que nadie en la conferencia matutina formuló: si las herramientas que usa el gobierno para verificar la realidad no pudieron distinguir entre una mujer real y una generada por computadora, ¿qué más habrán estado detectando mal?



 
 
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